
La economía argentina transita un proceso de desaceleración en el corto plazo pero mantiene los fundamentos macroeconómicos más sólidos en dos décadas, según coinciden analistas privados. El país registra por primera vez desde el gobierno de Néstor Kirchner la simultaneidad de superávit fiscal y comercial, un escenario que proporciona una base firme para el crecimiento futuro.
El Grupo IEB destacó en su último informe que “desde enero de 2024 y de forma ininterrumpida, Argentina presenta tanto superávit fiscal como un saldo comercial positivo con el resto del mundo”, lo que representa una notable mejora en la solidez macroeconómica y la capacidad de resistencia frente a shocks externos.
Pese a la volatilidad cambiaria y las presiones alcistas en las tasas de interés, se proyecta que el PBI completaría una expansión del 4,5% en 2025. No obstante, el último Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró una contracción del 0,7% en junio respecto a mayo en la medición desestacionalizada, aunque mantiene un crecimiento interanual del 6,4%.
Los analistas de Empiria alertaron sobre el impacto en el consumo, señalando que el “menor ingreso disponible traslada a consumo” debido a la “aceleración en gastos fijos”. En junio, el ingreso disponible promedio del hogar en el AMBA cayó 0,4% real frente a mayo.
La combinación de política monetaria ortodoxa, recortes del gasto fiscal y reducción de subsidios está afectando temporalmente el poder adquisitivo, pero sienta las bases para un crecimiento más sostenible a mediano plazo, según los especialistas.