
Ángel Di María escribió otro capítulo glorioso en su carrera al convertir un gol extraordinario de tiro libre que le dio a Rosario Central la victoria ante Newell’s Old Boys en el clásico rosarino. A los 36 minutos del segundo tiempo, con el partido empatado, el futbolista de 37 años ejecutó una magistral cobranza que se encaminó directamente al ángulo del arco rival, desatando el éxtasis en el Gigante de Arroyito.
En su primer clásico desde que regresó al club de sus amores, Di María demostró una vez más que pertenece a esa categoría de jugadores tocados por una varita mágica. La parábola perfecta de su zurda sin chances al arquero Espínola, sellando el 1-0 final y confirmando su condición de figura decisiva en partidos estelares.
El gol, que él mismo describió como un sueño cumplido, representa mucho más que tres puntos: es la materialización de su regreso a casa después de 18 años, la reivindicación ante aquellos que cuestionaron su decisión y el comienzo de una nueva era para el canalla.
Después de celebrar quitándose la camiseta y entre lágrimas de emoción, Di María dedicó el triunfo a su familia y a la hinchada que lo recibió como un ídolo, mientras confesó que ahora solo le falta ser campeón con la camiseta de Central.