El padre Gabriel Romanelli, sacerdote argentino del Instituto del Verbo Encarnado, permanece en la devastada Ciudad de Gaza junto a otros religiosos decididos a no abandonar a los cientos de refugiados que protegen en la Iglesia de la Sagrada Familia, la única parroquia católica del enclave.
A pesar de los constantes bombardeos israelíes y la orden de evacuación, Romanelli -nacido en Villa Luro hace 56 años- asegura que “huir sería una sentencia de muerte” para los ancianos, mujeres y niños desnutridos que albergan. Junto a él permanecen el padre Carlos Ferrero (68 años) y la hermana María Maravillas (35), ambos porteños, además de religiosos de otras nacionalidades.
En un comunicado conjunto, los patriarcas de Jerusalén respaldaron la decisión de quedarse, advirtiendo que el desplazamiento forzoso de civiles equivale a una “sentencia de muerte”. La parroquia, que ya cumplió 690 días como refugio, alberga a unas 500 personas en condiciones extremas: sin electricidad estable, con escasez de diésel para generadores y medicamentos.
Romanelli, quien en julio sufrió heridas en una pierna durante un ataque israelí, describe escenas dantescas: “Los bombardeos son muy cercanos, hay nubes negras y el olor de las explosiones es muy fuerte”. A pesar del horror, mantiene el oratorio funcionando y continúa pidiendo por el “don de la paz” y negociaciones que liberen rehenes y permitan la entrada de ayuda humanitaria.